sábado, enero 26, 2008

NUEVAS CREENCIAS PARA NUEVOS TIEMPOS.



Una relectura de Ortega señala el nuevo poder humano: yo soy yo y mis creencias.


El ser humano crea escenarios para sentirse real, y concreta sus posibilidades creativas merced a sus creencias. Una nueva lectura de Ortega señala: Yo soy yo y mis creencias. Ahora bien, las creencias dejan de ser útiles cuando impiden a la realidad desenvolverse en armonía con otras creencias, cuando surgen factores de desequilibrio internos y externos. Si la creencia es un instrumento para la creación material, se requiere que los horizontes de las creencias se amplíen para que este poder siga actuando y permitiendo que la conciencia de lo que somos emerja, a través de ese poder de creación.

Por Alicia Montesdeoca.


Uno de los motores que ponen en marcha la búsqueda de nuevas explicaciones está en las paradojas con las que continuamente nos tropezamos y que la inercia de un conocimiento lineal rechaza, denominándolas excepciones a la regla, sin reconocerlas como expresiones de la complejidad de la realidad, la cual se anuncia a través de ellas.


Los fenómenos paradójicos nos estimulan a observar mejor los efectos de las acciones que ponemos en marcha y cuyos resultados no corresponden totalmente a lo esperado. A través de esas manifestaciones paradójicas, podemos elaborar nuevos mapas de lo real que queremos desentrañar, tal como los astrónomos construyen los mapas siderales: suponiendo la existencia de algo no cuantificado a partir de ciertos comportamientos o reacciones, de origen desconocido, elaboran mapas de la realidad astronómica.


De esta manera intuitiva, nosotros nos aproximamos también a la interpretación de lo que suponemos existe, creando modelos teóricos que incluyen nuevos parámetros, deducidos a partir de los comportamientos observados. De este modo se construye, o se amplía, un nuevo entorno que nos permite explicarnos mejor a nosotros mismos y a nuestra propia razón de ser. En el nuevo entorno diseñado, se volverán a manifestar, tarde o temprano, nuevas paradojas para nuevas búsquedas.


Escenarios de realidad


El ser humano crea escenarios para sentirse real, pero la realidad que crea no resuelve los enigmas de la Realidad. Su acción es el medio para su propia concreción como tal ser humano, dentro de la sustancia misma de la que está constituido. Su esfuerzo no tiene como fin la creación de lo externo a él: si acaso es un intento para comprender su existencia o la materia de la que está hecho, a partir de dar forma a las posibilidades que emergen de la propia realidad. Dichas posibilidades se concretan gracias a las propias creencias del actor o actores.


Las creencias se heredan de los antecesores y se renuevan con las experiencias vividas por las nuevas generaciones de individuos y sus sociedades. Las creencias se alimentan de esas experiencias que a los sujetos les confirman en ellas, las cuales no se cuestionan porque no se detecta la naturaleza y el origen de la realidad en que se desenvuelven. De esta manera, la creencia pasa de ser un instrumento de creación, a convertirse en una verdad absoluta, inamovible.


El capital de las creencias


Las creencias de hoy son el fruto del esfuerzo de nuestros antepasados por hacer posible la vida en la Tierra. Si ahora creemos poseerla (la Tierra) es que sus esfuerzos dieron frutos.”Hemos heredado todos aquellos esfuerzos en forma de creencias que son el capital sobre que vivimos”, sostiene al respecto José Ortega y Gasset, en su obra “Ideas y creencias” (1940).


Ahora bien, como instrumento de creación humana, las creencias dejan de ser útiles cuando impiden a la realidad desenvolverse en armonía con otras creencias, cuando surgen factores de desequilibrio internos y externos al individuo que las porta, cuando dejan de permitir el crecimiento espiritual para convertirse en un dogma de fe que causa destrucción en cualquier entorno o nivel.


Si la creencia es un instrumento para la creación material, se requiere que los horizontes de las creencias se amplíen para que este poder siga actuando y permitiendo que la conciencia de lo que somos emerja, a través de ese poder de creación.


Yo soy yo y mis creencias


Por todo lo expuesto, podemos incorporar el factor creencia, a la definición de realidad que propone el insigne filósofo español Ortega y Gasset, en su bien conocida frase: “yo soy yo y mis circunstancias”. Esto daría como definición de realidad el que: “yo soy yo, mis creencias y las de los otros con las que construimos “las circunstancias”.


¿Cómo detectar aquellas creencias que fueron útiles en el pasado y que hoy son obsoletas, porque frenan la evolución humana, el poder del espíritu, el avance de la conciencia de lo que somos, el encuentro con la unidad, la empatía con los otros seres humanos, la comprensión de la realidad que vivimos y el sentido de los acontecimientos que se suceden?


Para renovar el modelo que nos sostiene, para renovar el poder de las creencias, hoy se cuenta con nuevos conocimientos, con nuevas ideas que enriquecen el pensamiento y que provienen de las ciencias físicas pero también de la nueva biología, de la neurología, de las ciencias de la información, etc.


Nuevos conocimientos que nos acercan a la complejidad de la realidad, al conocimiento de la existencia de otras dimensiones, tan reales o más que las tres en las que parece que nos movemos.


La creencia como atractor


Es preciso que la acción humana tenga en cuenta la complejidad de factores que se conjugan, en este momento, para materializar un instante de realidad, poniéndose en cuestión, ante los nuevos conocimientos, las interpretaciones que se hacen y que impiden otras lecturas posibles.


Las creencias son como aquellos “atractores extraños” que permiten que todos los factores que están en juego, como partículas de la realidad a construir, estructurar, materializar (o como se quiera definir la plasmación de una probabilidad), sean percibidos como una única expresión o probabilidad de expresión que confirmaría aquella creencia que subyace en nuestra concepción del mundo y de las cosas. (El concepto "atractor extraño" se usa en el campo de investigación del caos e indica que el sistema es atraído hacia un tipo de movimiento determinado).


Muchos hablan del momento de transición por el que pasa la sociedad humana y que se manifiesta en las condiciones planetarias de las que tanto se debate hoy (guerras, epidemias, hambrunas, cambio climático, etc.) Para todos los habitantes del planeta Tierra, concebir hoy la cotidianidad en medio de tantas convulsiones es un esfuerzo que no conoce “patrón medida”.


De ahí la necesidad de sabernos situar en las características que definen este instante de incertidumbre, riesgos, confusión, caída de símbolos, emergencia de patrones, aún en la nebulosa muchos de ellos, a sabiendas de que la emergencia de algo nuevo siempre ha supuesto contradicciones y luchas; infantilismos y conservadurismos; dogmas y frivolidades; costos y precios difíciles de evaluar.


El oráculo de la intuición


No podemos mirar el ciclo que vivimos, con todo lo que está poniéndose de manifiesto, y perder de vista que es parte de un proceso del cual no conoceremos hacia donde conduce, hasta que dicho proceso no haya acabado de conjugar y armonizar todas sus variables, que pasan por el procesamiento y asimilación de las experiencias de todos los “participadores” (activos o pasivos, conscientes o inconscientes, agentes o pacientes…). Siempre ha sido así.


La humanidad siempre necesitó de oráculos para racionalizar la situación y dar, a través de una buena receta, con las pautas a seguir para el mejor obrar. Hoy la ciencia y la tecnología parecen querer jugar ese papel. Yo diría que en estos momentos el mejor oráculo es la intuición que como brújula nos indica el mejor camino para amar, comprender y aceptar el momento en que vivimos y la experiencia que como individuos y sociedad estamos adquiriendo, en la creencia de que toda esta experiencia nos lleva a un mayor ratio de consciencia. Los retos son grandes, pero siempre han sido enormes, medidos en relación a las capacidades humanas de cada época.


Incineración de un modelo


A este ciclo que vivimos le está correspondiendo la incineración de un modelo. Esta incineración se manifiesta en el desajuste entre conocimiento científico y vida cotidiana; entre emergencia de un nuevo paradigma y obsolescencia de las instituciones nacidas al amparo de la modernidad; entre las necesidades de supervivencia de la especie y el tópico de que hemos dado con un modelo de desarrollo incuestionable; entre la comprensión de la complejidad y el sentido de la vida humana y los radicalismos en las formas religiosas y políticas.


El problema está en cómo mantener el equilibrio individual y social en medio de tantos desajustes. La paz interna que necesitamos, para afrontar los retos que nos tocan vivir, sólo nos la pueden dar la comprensión del momento en que vivimos, la aceptación de lo que es, el conocimiento de la complejidad de la realidad y sus manifestaciones, la humildad para reconocer que no sirven las respuestas simples ni las recetas, ni los dogmas, pues el reto es un nuevo reto. También el reconocer la experiencia acumulada por la humanidad.


Esta etapa (con sus posibilidades) es una etapa más de la marcha humana hacia la comprensión de lo que es como especie, aceptando que en esta dimensión en la que se manifiesta nuestra vida y la de nuestro entorno es sólo un espacio donde se dirimen las leyes que rigen lo más grande que nos unifica (lo trascendente, el alma, la vida, lo innombrable por desconocido y por incomprensible…), en un universo multidimensional y sin límites que está plenamente intracomunicado.

LA FISICA CUANTICA ARROJA UNA NUEVA VISIÓN DE LOS PROCESOS SOCIALES.



El infinito mundo de posibilidades de las partículas elementales es la base de la libertad humana.

El conocimiento es fruto de la experiencia social, pero nunca se es consciente de todos los acontecimientos simultáneos porque la percepción actúa a modo de barrera. Con la física cuántica, sin embargo, empezamos a entender que la realidad que observamos no tiene fronteras. Sólo existen probabilidades que propician la construcción de nuevas realidades, que se concretan según la voluntad del actor, el cual actúa como “atractor extraño” de dichas posibilidades.

Sin embargo, las valoraciones sociales actuales no dejan de responder a la ilusión de que estamos viviendo un progreso lineal. Como consecuencia, se adopta una concepción determinista y trágica del ser humano y de sus funciones sociales. Luego nos sorprendemos de “la desidia y del conformismo existentes”.

Por Alicia Montesdeoca.


La unidad social no viene dada por la homogeneización del pensamiento, sino por aquella expresión colectiva que permite que el conocimiento alcanzado sea fruto de la experiencia común, en la que cada sujeto es protagonista y aporta, con sus vivencias, un matiz diferente, con lo que se obtiene una intensidad mayor del color del producto social logrado.

La pregunta permanente se abre paso a través de las mentes y, en su desarrollo, trata de buscar explicaciones para comprender y a la vez explicar. Este proceso, que es colectivo, siempre, en algún momento, encuentra una forma de salir a la superficie. El vehículo puede ser un individuo o un grupo. En ambos casos, estarán vinculados a la realidad que se conceptúan, y que se sintetizan, y, por lo tanto, son recolectores de los frutos que han sido cultivados en el campo de la mente social.


El conocimiento es, pues, un producto fruto de la experiencia, gestada y nutrida por todos, aunque no se tenga conciencia de ello, porque, aunque lo pretendamos, nunca se es consciente de todos los acontecimientos simultáneos en los que estamos involucrados. En este contexto, también, hemos de enunciar aspectos que ayuden a encontrar una comprensión mayor, para acabar con la percepción falsa de límites, separaciones, divisiones o fronteras.

Llegar a comprender la verdadera naturaleza del ser humano y de su entorno supone adentrarnos, a través de la maraña densa que la historia, interpretada por la ciencia, la filosofía y las religiones, ha construido sobre aquella. Ken Wilber, en la introducción a su obra “La conciencia sin fronteras” dice: “Es como si nuestra percepción habitual de la realidad no fuera más que una isla insignificante, rodeada por un vasto océano de conciencia, insospechado y sin cartografiar, cuyas olas se estrellan continuamente contra los arrecifes que ha erigido a modo de barreras nuestra percepción cotidiana” .


Fronteras


Este autor parte del principio de que existe una unidad de conciencia o identidad suprema, la cual constituye la naturaleza y condición de todos los seres sensibles, pero, paulatinamente, vamos limitando nuestro mundo y nos apartamos de nuestra verdadera naturaleza al establecer fronteras. “Efectuamos, dice, una división artificial en comportamientos de lo que percibimos: sujeto frente a objeto, vida frente a muerte, mente y cuerpo, dentro y fuera, razón e instinto, y así recurrimos a un divorcio causante de que unas experiencias interfieran con otras y exista un enfrentamiento entre distintos aspectos de la vida”.


La importancia de esta forma bipolar de divisiones que establecen líneas de conocimiento, “es que siempre tendemos a tratar la demarcación como si fuera real, y después manipulamos los opuestos así creados. Aparentemente, jamás cuestionamos la existencia de la demarcación como tal. Y como creemos que ésta es real, imaginamos tercamente que los opuestos son irreconciliables, algo que está para siempre separado y aparte”.


Visión cuántica de la sociedad


Con la física cuántica, sin embargo, empezamos a entender que la realidad que observamos ni está dividida, ni es previsible. El universo visto desde la física subatómica no tiene fronteras, ni se puede medir con exactitud cómo va a conducirse. Así se descubre que, en los comportamientos de un sistema formado a partir de la construcción de “metademarcaciones”, sólo existen probabilidades, es decir, sólo se pueden ofrecer conjeturas.


Con la enunciación de su principio de incertidumbre, Heisenberg pone de manifiesto el fin del “marco rígido”, el desplome de las viejas demarcaciones establecidas por la física clásica. Admitiendo la incertidumbre se admite, también, la posibilidad de cambio y de construcción de nuevas realidades, se tiene presente la potencia de la realidad, lo contingente. Gary Zukav, en La Danza de los Maestros, considerada la mejor obra divulgativa de la física cuántica, dice: “La mecánica cuántica nos enseña que nosotros no estamos separados del resto del mundo, como habíamos creído.


La física de las partículas nos enseña que el resto del mundo no es algo que permanece ocioso allá afuera. Por el contrario, es un brillante campo de continua creación, de transformación y, también, de aniquilamiento. Las ideas de la nueva física pueden dar lugar a que se produzcan experiencias extraordinarias cuando son captadas en su totalidad”. Si proyectamos filosóficamente las conclusiones de la mecánica cuántica, podemos afirmar que no sólo influimos en nuestra realidad sino que, en cierta medida, la creamos. Es decir, podemos afirmar que materializamos ciertas propiedades en la sociedad porque elegimos medir esas propiedades.


El famoso físico John Wheeler escribió: “Al universo ¿lo atrae, de alguna manera, a la existencia la participación de los participantes?... El acto vital es el acto de participación. Participador es el nuevo concepto incontrovertible ofrecido por la mecánica cuántica. Derrota el término observador, de la teoría clásica, que designa al hombre que está seguro detrás de un grueso cristal protector y observa lo que ocurre a su alrededor sin participar en ello. Esto es algo que no puede hacerse en la mecánica cuántica”


Causa y efecto de la experiencia


Desde estas aportaciones teóricas, podemos precisar, con mejor luz, que el objeto social, tomado para el análisis, es causa y efecto de la experiencia individual y colectiva: esta experiencia se va construyendo con cada acción (entendiendo ésta como acto consciente e inconsciente; voluntario e inducido; físico y mental). De esta manera, también podemos percibir que cada presente es una captación instantánea de todos los presentes, el cual interpretamos con los recursos cotidianos de nuestro espacio tiempo.


En consecuencia, cualquier comunidad, en cualquier presente, es producto de los factores que laten en ese instante, con su propia impronta derivada de los elementos que están interactuando, para la configuración de esa realidad: económica, política, cultural. Cada presente está impregnado así de la “información” necesaria para reproducir, en cualquier instante o en cualquier condición, el impulso de la vida con sus ciclos. Desde esta perspectiva, las sociedades se configuran como macro-células de un gran organismo planetario, sujeto a las mismas leyes de la materia cósmica que se encuentra en el universo.


Nuevo conocimiento y viejas creencias


Toda esta reflexión nos hace descubrir las contradicciones que existen entre las ideas que sugieren el nuevo conocimiento y las creencias que existen sobre lo que conocemos y cómo lo conocemos.


En primer lugar, el sujeto del conocimiento se siente el “observador de la realidad”. Una realidad que está fuera de sí mismo y a la que puede conocer objetivamente. Sin embargo, según señala en su obra “Languages of the brain” el neurocirujano de Stanford Kart Pribram, ese ser, en apariencia individual, que se presenta como sujeto porque se siente en ese instante “el observador”, desconoce que su cerebro es un holograma que interpreta un universo holográfico.


Y es que con la física cuántica aparece también el concepto de realidad como un todo que no se puede fragmentar para ser explicado, tal como ocurre con un holograma. También, la realidad aparece como potencia para la creación, donde se dan, simultáneamente, infinitas posibilidades de formas de expresión, que se concretan según la voluntad del actor, el cual actúa como atractor extraño de dichas posibilidades.


Para la física cuántica, cualquier realidad es posible, pero, según sea el “observador-participador” sólo se concreta una: todo es posible y sólo hay una concreción; todo es posible aunque se concrete sólo una expresión. El potencial cuántico depende de las interacciones entre las “partículas” del sistema y el contexto.


Si proyectamos los principios de la mecánica cuántica al escenario de lo social, podemos concluir que cualquier estructura se sostiene porque no se cuestiona. Las realidades son alimentadas por la rigidez de los pensamientos que se adueñan de nuestra capacidad de conocer, y que, como verdaderas murallas, nos impiden acceder a una comprensión mayor de aquella realidad última que perseguimos, incansablemente, los humanos de todos los tiempos.


La comprensión de esto nos lleva a observar la realidad a partir de su potencia de creación, no sólo de su concreción temporal, y a mirar, críticamente, la posible arbitrariedad de aquel pensamiento que se sostiene con afán categorizador, porque limita las posibilidades de conocimiento, de creación y de cambio, impidiendo que se despliegue toda aquella otra realidad que no está dentro de su ángulo de focalización.


El pensamiento social, de espaldas al conocimiento científico


Por eso, las valoraciones sociales que hoy se hacen y que marcan profundamente la acción, no dejan de responder a una ilusión: la ilusión de que estamos viviendo un progreso lineal. Una linealidad que somete a la sociedad y a sus individuos a la creencia misma en dicha ilusión y que se retroalimenta con una formación a-crítica, generadora de conductas individualistas.


Las opciones sociales, nunca fruto de la elección personal sino del discurso con mayor autoridad y prestigio temporal, no suelen ser cuestionadas por las ciencias humanas, que se limitan a relatarlas. Las ciencias humanas, también, quedan atrapadas en ese discurso y en la ilusión evolucionista (lineal), a pesar de los nuevos conocimientos sobre la realidad que provienen, fundamentalmente, de las nuevas ciencias físicas y biológicas.


Las consecuencias prácticas son trascendentales.


Tomada “la realidad social”, como un universo aislado, estático, inercial y previsible, se cae en el análisis de los valores “imperantes” en bloque. De esta forma no se tiene en cuenta la coyuntura en la que los valores se producen, dándoseles categoría de absolutos y pensando siempre que son consecuencia de un proceso civilizador. Este análisis no considera la importancia de las creencias en las bondades del modelo imperante, sostén imprescindible para la existencia de dicho modelo.


Es el precio del desarrollo, se afirma, dando por sentado que las consecuencias no deseadas son fruto de una ley de compensación natural contra la que no se puede hacer nada. Una afirmación que se niega a mirar las distorsiones que se producen a causa de la propia visión fragmentadora o categorizadora que la caracteriza.


Como consecuencia, se adopta una perspectiva del presente que juzga el aquí y ahora con una concepción determinista y trágica del ser humano y de sus funciones sociales. Al sujeto se le supone, aparentemente por consenso, sin esencia alguna que le sirva de timón, gobernado por los valores especulativos, sin intereses que no sean los propuestos por el mercado, sin impulsos de proyección, sin potencial ni esperanza para construir algo distinto al ideal que se predica. En definitiva, sin capacidad de reacción.


Agujero negro social


Con esta visión funcional, el sujeto parece quedar atrapado por las leyes del sistema y engullido por un enorme “agujero negro” de “no vida”. Esta visión abarca, mecánicamente, al sujeto de todas las culturas, de todos los estratos sociales, que de esta forma queda convertido en una abstracción esperpéntica: el ciudadano es un tipo sin alma; una marioneta sin voluntad, movida por los vientos de la especulación y el mercantilismo, gobernada por un discurso vacío del que permanentemente se hacen eco, multiplicando sus efectos, los llamados “medios de comunicación”.


Es como si la “muerte de Dios” por decreto, incluyera la desaparición del sujeto como expresión de un espíritu con voluntad creadora. Ese sujeto sin espíritu, sin voluntad, sin sentimientos, es un ente vacío, robotizado, dirigido con mando a distancia (a cuanta más distancia de él mejor se le dirige): de ahí a carecer de responsabilidad en sus actos no hay ni un paso.


Luego nos sorprendemos de “la desidia y del conformismo existentes”, de los niveles que alcanzan los conflictos, de las características que adoptan las violencias, de la magnitud de los integrismos, de la masiva aceptación de las políticas neo-nazis... de los modos suicidas con que nuestros jóvenes “viven a tope” sus mejores años: cada vez se les dificulta más el encuentro con la identidad, también las referencias para alimentarla. Todo ello porque la mirada adolece de un grado intenso de miopía para ver a lo lejos y en múltiples direcciones.


viernes, enero 25, 2008

LA REALIDAD SIN FRONTERAS........




......... es el nuevo paradigma del conocimiento social


El impulso de trascendencia está vinculado a la esperanza en que el futuro existe
Existe en todos los seres humanos de todos los tiempos una tendencia a lo trascendente que toma distintas apariencias. Es la forma en la que el sujeto se proyecta hacia la realidad tratando de entenderla o construirla. El impulso de trascendencia está vinculado a la esperanza en que el futuro existe, cualquiera que sea su materialización. Por eso queremos influir en él y ayudarlo a construir, aunque sepamos que es en esta acción en la que el sujeto se conoce y se construye a sí mismo. Esa corriente interna que constituye la justificación de una vida humana, y que la dignifica, parece ser el aliento permanente en toda la especie y de toda la materia. También nos habla de lo no manifestado que intuimos que existe, lo cual nos nutre la fe en el futuro, y la esperanza en que nuevas creaciones nos lo anuncien. Por eso, para buscar sin prejuicios, no hay que establecer fronteras. Por Alicia Montesdeoca.

La sociedad, tal y como hoy se percibe y se explica, es una trampa que atrapa en su sistema a sus miembros. Todo es tan previsible, todo está tan racionalmente explicado y justificado, que hace preguntarnos: ¿dónde está la vida? ¿Cómo se abren las grietas de esta armadura social para que ella emerja con su fuerza renovadora? ¿Cómo se manifiesta en los individuos, aunque estos se conduzcan como si no existiese su impulso creador?


Otra cuestión, que por obvia suele soslayarse, es la que nos hace preguntarnos de quién y de qué hablamos cuando decimos “sociedad hoy”. En una sociedad compleja como en la que vivimos, abierta, plural, con modelos democráticos, más o menos admitidos y más o menos desarrollados, modelos que son contemporáneos de otras formas de organización social que responden a la diversidad social mundial, no podemos hablar en singular cuando nos referimos a ella: si hay otros mundos, todos están dentro de nuestro mundo; si hay otras sociedades, todas están dentro de nuestra sociedad; si podemos hablar de etapas históricas humanas, todas las estamos viviendo simultáneamente.


Por lo tanto, hemos de ser conscientes de la domesticación que padece nuestra mirada, obsesionada en la creación de una teoría cuyo objetivo principal es alcanzar una explicación que le sirva como único mapa, para colocarlo encima de esta realidad social tan diversa, aplastándola al pretenderla ajustar al molde teórico creado, a pesar de que ella se desborda por todos los costados, pues no hay una explicación única del mundo, y todas las que existen guardan relación entre sí, todas explican la realidad, de alguna manera, y en todas las explicaciones está la verdad que se perseguía.


¿Y qué es el ser humano? ¿Sólo un producto de la sociedad?


¡Triste suerte la de ese ser y la de esa sociedad que así se construye!: crea una jaula de hierro, se mete en ella, cierra con llave y tira la llave fuera de la jaula. Esta dinámica origina serias contradicciones, ¿Cómo se resuelven? Acumulando sobre ellas cascotes que las ocultan. ¿Y el dolor que produce? ¿Hacia dónde conduce el hambre, la enfermedad, la muerte, las guerras? ¿La persistencia de las desigualdades, no es suficiente motor para provocar una reflexión distinta de aquella que se limita a escribir la crónica de lo que observa? Esta actitud positivista hace perder pronto la inquietud por la pregunta permanente y lleva a generar un espíritu conservador, ante el pequeño reto que supone llegar a la cúspide de una simple meseta.


Todo parece terminar cuando ese espíritu se asienta sobre una conclusión teórica (con pretensiones de explicarlo todo), fría y distante, y que en su elaboración ha huido de contaminarse, pretendiendo, con ello, ser objetiva. Sin embargo, el posicionamiento que adoptamos en este análisis es el de situarlo en la misma perspectiva en la que se sitúa esta autora: descubriendo y reconociendo las peculiaridades del propio ángulo. Un ángulo que está fundamentalmente dominado por lo “sensible”. Es éste, también, la perspectiva para vivir individualmente, y en sociedad, de esta mujer que habla desde su feminidad, desde su maternidad, desde la esperanza y la creencia en que la vida nos crea, nos conduce y nos protege, si asumimos sus leyes como patrones para vivir y convivir.


El instinto como aliento de vida


Esta posición le lleva a sentir y pensar que es el instinto el aliento de la vida. El mismo impulso que conduce los comportamientos en los grandes conflictos y en los acontecimientos cotidianos, y que en las mujeres parece estar más en la epidermis. Ellas son, principalmente, las que tratan de conservar y de defender la vida: son las mujeres de la “Plaza de Mayo”, que no se rinden; son las mujeres del “Tercer Mundo”, que luchan por sus descendencias contra las hambrunas, las enfermedades y las guerras que les esquilman; son las mujeres del “Primer Mundo”, llenas de contradicciones porque no terminan de asumir el modelo modernista que se les propone o se les impone.


Todas, y a pesar de todo, poniendo en evidencia que existe una fuerza distinta que no se deja domesticar, aunque las apariencias traten de ocultar esta verdad. Por eso, no voy a hablar de mí como mujer, voy a ser mujer para hablar de la fuerza de la vida que se manifiesta y que sostiene la realidad social. A través de este modelo trato de evidenciar a esa fuerza (la vida) que se quiere domesticar a través de las religiones, las ideologías, la ciencia y la tecnología. Ella aparenta dejar hacer hasta la saturación de las contradicciones generadas por aquellos modelos que pretenden construir al ser humano sólo como “sujeto pensante”.


Y, así, hemos llegado a una sociedad en la que una parte ha alcanzado importantes niveles de desarrollo, de comodidad, de saturación de objetos y de servicios y, también, ha “logrado” una importante y grave desconexión del mundo sensible. Sin embargo, la vida sigue latiendo y, si queremos, podemos descubrir su juego mirando transversalmente toda esa acción humana. De otra manera, a la vida sólo la vamos a poder observar en su forma “salvaje”; allí donde los acontecimientos y las contradicciones se han agudizado; allí donde las sociedades nuevas tratan de sobrevivir, y observar qué savia emerge (nueva o vieja, la única) para renovar el mundo; allí donde, aún, las formas tradicionales de relación, y los valores que atesoran, no se han ocultado en la lucha por obtener lo material.


Lo que se reivindica, en esta forma de buscar conocimiento, no es una petición que encierra un “déjame mirar y déjame expresarme”. La propuesta es: observa como miro; escucha lo que expreso; reflexiona cómo interpreto la realidad que vivo, detrás de ello hay una vivencia individual fruto de una experiencia colectiva, una búsqueda permanente de respuestas sobre la verdad, aunque ésta siempre esté sugiriéndose y sepamos que no se va a manifestar en su totalidad.


Actuar desde el corazón


Por eso, quiero permitirme actuar según sea el impulso que nace desde el corazón y desde las entrañas, y que la cabeza le dé sólo la forma para expresar el saber que siento. Es decir, el conocimiento como certezas que fluyen a través de los poros y que no proceden de la racionalización, sino de una especie de memoria acumulada en el cuerpo, la cual se despierta ante estímulos que conectan con la esencia del universo, haciéndonos participar, por unos instantes, de algo inmenso que no se puede atrapar, pero que como una brújula orienta nuestra búsqueda de esas certezas.


Para ello observo la realidad construyéndose en un eterno movimiento. Movimiento que identifico como un proceso y que tiene que verse como etapas de un ciclo entre vida y muerte. Un ciclo que puede ser expresado como ciclos vitales, o como ciclos temporales o ciclos espaciales... o todos a la vez, pero que nos han de descubrir el punto en el que se encuentran las realidades que estamos observando y que estamos viviendo, porque el observador o la observadora, de esa realidad, está íntimamente dentro de ese proceso: es el investigador parte de lo investigado.


En realidad es la experiencia vital la que sirve de medio para que el proceso se ponga en marcha, se materialice. Esto, necesariamente, lleva al actor a sentir que es un factor involucrado en el juego del proceso, un proceso que es interno y externo. Así, al analizar aquello que enfoca, ve y conoce su realidad interna. Es decir, mira aquello que le habla de sí mismo, y en su actuar crea una realidad que interacciona con la de los otros, y que propicia una nueva que le devuelve una mayor perspectiva, y una profundización mayor de qué es y quién es.


La fuente de la acción consciente


Con todo esto, lo que se pone en evidencia es la fuente desde donde nace la acción consciente. Es una fuente interna que se nutre y se renueva constantemente. Si se pierde de vista esta perspectiva interna, se pierde o se adormece la creatividad, y se le cede el protagonismo al objeto, y el objeto no tiene por qué estar conectado con la vida, porque el objeto del que se habla es aquel que ha sido creado por el actor: él no se crea. Dos compromisos mueven esta perspectiva: uno como socióloga.


Este compromiso me impulsa a adoptar una posición determinada para analizar la sociedad desde la esperanza, observando aquellos procesos que dan sentido a la construcción de la vida social, sobre todo en lo que se refiere a la construcción de aquellos valores que permiten una interacción más justa y solidaria, y una posibilidad para el futuro.


El segundo compromiso, como creadora, tratando de construir un discurso que hable de la esencia que moviliza la voluntad de hacer del alma, un alma que hace latir su creación y que ama lo que crea porque siente la necesidad de estar viva, la necesidad de vivir, totalmente, las experiencias vitales humanas: experiencias de placer y de dolor, de nacimiento, y también de muerte. Con todo ello nosotros contamos para construir una reflexión que nos lleve a la comprensión del sentido de nuestra acción, compartiendo con los demás, sin reparos, vivencias, encarnación y teorías.


Esto parte de la creencia de que existe en todos los seres humanos de todos los tiempos una tendencia a lo trascendente que toma distintas apariencias, se arropa de distintas maneras, se justifica con distintos ideales y se argumenta de distintos modos. Es la forma en la que el sujeto se proyecta hacia la realidad tratando de entenderla o construirla. El impulso de trascendencia está vinculado a la esperanza en que el futuro existe, cualquiera que sea su materialización. Por eso queremos influir en él y ayudarlo a construir, aunque sepamos que es en esta acción en la que el sujeto se conoce y se construye a sí mismo.


“La trascendencia es como un ímpetu que se difunde en todo sentido, que acaso se realiza en largos trayectos de manera seguida y continua, pero sin que esta continuidad constituya para ella la ley” (...): “ser es trascender”, resume Francisco Romero . (...) “El trascender llega a su pureza y perfección, continúa este autor, en cuanto trascender hacia los valores, en cuanto limpio y veraz reconocimiento y ejecución de lo que debe ser”(...) Por eso, lo importante, en todo análisis, es ir al fondo de cualquier argumentación, tratar de dar con aquella corriente interna que impulsa la corriente de la superficie, y que adopta la forma cultural que en ese momento histórico sea determinante para alimentar la intención profunda que motivan las acciones.


Esa corriente interna que constituye la justificación de una vida humana, y que la dignifica, parece ser el aliento permanente en toda la especie y de toda la materia. También nos habla de lo no manifestado que intuimos que existe, lo cual nos nutre la fe en el futuro, y la esperanza en que nuevas creaciones nos lo anuncien. Fijados en esta posición, vayamos a tratar de aprovechar aquellas luces que encendieron la intención de trascendencia de cualquier teoría, sin enredarnos en aquellas ya integradas, aceptando que las que hoy nos sirven como explicación a los hombres y mujeres de este siglo, mañana serán vistas como insuficientes, y sólo quedará como válido aquel intento de buscar respuestas a las inquietudes eternas que anidan en el pecho de los individuos, y que se manifiestan con distinto ímpetu en cada época, según sean los valores que se hayan establecido, haciendo que nos sintamos un solo y único corazón que late en el mismo cosmos. Por eso, para buscar sin prejuicios, no hay que establecer fronteras.

MENSAJE DESDE EL MALTRATO....



Hombres y mujeres son víctimas de un modelo de convivencia que se derrumba.


Los maltratos que sufre la mujer a manos de su pareja aumentan cada día, generando alarmismo social y una exposición superficial del fenómeno que tipifica al hombre como violento y enloquecido y a la mujer como mártir. Pero al profundizar en la reflexión, descubrimos la confusión de identidades que padecen hombres y mujeres, así como las responsabilidades femeninas que aparecen en este proceso.


También constatamos que los hombres y las mujeres son igualmente víctimas de un modelo de convivencia que se derrumba y que para poder calibrar el alcance de estos cambios, se necesita la cooperación de ambos. Esta acción conjunta es la única que puede permitir integrar la nueva visión de la realidad sin que se pierda la dignidad de cada uno de los componentes de la pareja, ni que se destruya la convivencia. Por Alicia Montesdeoca.


Cada día nos tropezamos con la dolorosa noticia de una nueva mujer que ha sido maltratada por su pareja hasta morir. Las circunstancias de estas tragedias, tal y como se van contando a través de los medios de comunicación, van tomando unas características homogéneas. El mal-tratador y la mal-tratada responden a unos tipos definidos por unas conductas determinadas: él, hombre violento y enloquecido que acaba con la vida de su compañera, que supuestamente le ha traicionado (no se dice cómo); ella, sin embargo, es una buena persona que “nunca dio que hablar”.


La información, en general, se estructura de tal manera que genera un estado de opinión alarmista, como si estuviéramos ante una epidemia incontrolada: la vida doméstica es un lugar de riesgo para las mujeres que pueden caer inocentemente en manos de unos hombres que, por no se sabe qué razones, tienen una naturaleza “agresiva y dominante”. Esta es la interpretación que se da desde los medios y desde los movimientos de reacción ciudadanos, que asisten asombrados al fenómeno y buscan respuestas en esquemas simples y tradicionales. Una interpretación que crea cultura a partir de una exposición superficial de un fenómeno, haciéndose hincapié en la violencia del agresor y en el martirio de la víctima, como únicos factores esenciales.


De esta manera, se da pie a un tipo uniforme de respuesta que en absoluto pone luz sobre un fenómeno. Esta dramática realidad, expresa, sin embargo, el estado de confusión e indefinición que existe en los actores y en sus relaciones familiares y sociales, como consecuencia de los profundos cambios a los que estamos abocados en el futuro, tal y como parece vislumbrarse hoy.


Soluciones desenfocadas


Por otro lado, se buscan soluciones para este fenómeno, tratando de ajustar de nuevo la realidad y siguiendo patrones de conducta tradicionales, es decir, atacar lo local pretendiendo con ello acabar con la enfermedad, sin cuestionarse su verdadero y complejo origen. Por eso, estos problemas se tratan desde el objetivo único de luchar por la destrucción de la conducta agresiva, desarrollando nuevas leyes, empleando más fuerza represiva y buscando la interpretación de los expertos de la conducta humana, los cuales quedan atrapados en los síntomas del fenómeno si para su diagnóstico lo aíslan de su contexto y del contexto en el que se dan otras circunstancias con las que interaccionan.


La prevención, dicen, se hace desde la escuela, con una educación en la igualdad. Para ello, también se estudian los posibles síntomas entre los adolescentes, tratándose de detectar conductas sospechosas. En este campo hemos visto como se instruye de diferente manera a chicos y a chicas, dando por hecho que los chicos son probables agresores y las chicas sus víctimas. Para confirmar esta hipótesis no dudan en someter a los alumnos y alumnas a test de identificación (de agresor y víctima).


Esos nos lleva a preguntarnos, en el caso de detectar alguna tendencia agresiva, (cosa que por otro lado no sería de extrañar, habida cuenta de las edades de estos muchachos y muchachas y de la sociedad del espectáculo en la que vivimos),

¿qué vamos a hacer con los casos “sospechosos” de encerrar un futuro mal-tratador?

¿Los vamos a someter a reeducación, sin más?

¿Estableceremos instituciones carcelarias?

¿Los señalaremos como unos apestados?


Vuelta a la identidad


Está bien que nos preguntemos qué pasa, pero no olvidemos qué somos: el hombre y la mujer forman la pareja humana, no hay otra base para convivir y para proyectarnos hacia el futuro como especie (aunque hayan otros tipos de parejas y distintas fórmulas de convivencia). Así pues, los hechos sobre los que estamos reflexionando nos remiten a preguntas para las que hasta ahora no hemos encontrado respuestas.


¿Hacia dónde conduce la realidad de hoy? ¿Cuál es el proceso que se abre con tanto dolor y sufrimiento?


La historia siempre interpreta en pasado las causas de unos acontecimientos, cuando los que los vivieron ya no están. No debemos esperar tanto. Hay que reflexionar sobre lo que está pasando y por qué, sin llegar pronto y mal a conclusiones que nos llevan al victimismo, el resentimiento o la desesperación.


¿Cómo rescatar de entre los escombros, que los procesos actuales van acumulando, a aquellas experiencias válidas para hoy que se vivieron en otros contextos culturales?


Contextos que si bien dieron pie a determinadas maneras de relacionarse los hombres y las mujeres, a una división de los papeles a jugar en la familia y fuera de ella, etc., partían, asimismo, de ciertos valores y convicciones que no hay que tirar por la borda pues son leyes que funcionan fuera del espacio y del tiempo. Es necesario desentrañar la naturaleza de los vínculos, el orden que sostiene la vida, la razón de ser del amor entre la pareja y los hijos, para poder salvar lo que es esencial y descartar lo que es sólo fruto de los condicionantes sociales, económicos o ideológicos de cada etapa.


Responsabilidad femenina


Es necesario comprender lo que nos ha pasado y no aceptar una nueva visión de la convivencia y de los papeles a cumplir, con los cambios a los que estamos abocados, con un enorme saco lleno de resentimiento contra el hombre, como si estuviéramos libres las mujeres de responsabilidad. Pues la responsabilidad tiene muchas caras y a toda acción le sucede una reacción que produce unos cambios, cambios que hemos de asumir con todas sus consecuencias. Las mujeres somos responsables de luchar por nuestra dignidad y por el reconocimiento de lo que somos, pero también somos responsables por hacer que la visión del otro esté cargada de confusión sobre nuestra identidad, al prestarnos al juego de nuestra invisibilidad, mientras le podíamos sacar rendimiento.


Somos responsables de nosotras cuando no hacemos ese camino hacia dentro y nos amoldamos a las exigencias de los viejos papeles, pero también de los nuevos papeles que nos asignan hoy, sin aportar, realmente, nuestra manera genuina de ver el mundo. Papeles que se considera hemos de jugar nosotras, aunque hayan sido construidos sin nuestra participación y desde la soledad en la que los otros (los hombres) han regido el mundo.


La especie humana tiene dos géneros y, por lo tanto, dos visiones que se complementan. Hasta ahora, una de las visiones gobernaba el afuera, la otra organizaba el adentro. Así las perturbaciones en el afuera eran organizadas desde el orden, la autoridad, la eficacia, el pragmatismo, la fuerza, la concreción, la jerarquía. Al adentro era difícil de llegar, buscaba los espacios íntimos, invisibles, protegidos, maleables para la expresión de la no forma, de las emociones, de lo innombrable.

El reto de los discursos


La sociedad de hoy tiene como reto el discriminar qué valores se abren paso, entre la confusión de los discursos viejos, cargados de ansias de poder, autoritarismo y desprecio por lo diferente, y los discursos aparentemente nuevos, pero que sólo prometen la igualdad en lo establecido, no la construcción en cooperación, de una nueva realidad. Valores para un mundo nuevo, en el que seguir buscando qué somos como hombres, como mujeres y como humanidad. Una humanidad cuyas esencias masculina y femenina se combinan para configurar las diferencias y la diversidad que se ponen de manifiesto en todo.


Hoy, los hombres y las mujeres son igualmente víctimas de un modelo de convivencia que se derrumba. Una convivencia pactada en orden a unos acuerdos que la armonizaban, que dejaban claras las normas del juego, los papeles y el objetivo de la unión. En ese modelo, la familia se constituía como cauce para la reproducción. Una institución soportada por una división del trabajo sexual, en una sociedad gobernada sólo por los hombres, gobierno que la mujer acataba, asumiendo y administrando la vida íntima familiar desde ese orden. Atravesando esa realidad estaba el amor hacia la pareja, la atracción sexual, el cariño hacia los hijos, la responsabilidad de su cuidado y de su nutrición.


Cambios fuera y cambios dentro


El sentimiento que experimento es que ese edificio se quiebra en mil grietas para descubrir el tesoro que oculta. Pero la resistencia de la estructura a desaparecer produce mucho dolor y gran confusión, y estos factores no dejan ver su interior. La cultura tradicional se resiste porque teme su propia muerte. Por eso, no vale la simple explicación de los hechos que analizamos, como una agresión de hombres primitivos contra mujeres acalladas durante milenios. Es el despertar de un nuevo conocimiento de lo real el que se abre paso, rompiendo el modelo de realidad que la cultura moderna había construido.


Tampoco es una cuestión de reivindicar más poder en contra del tirano hombre, porque igualdad no es sinónimo de supremacía de uno o del otro, igualdad es reconocimiento de las diferencias y de la diversidad que existen en cada ser humano. Lo que está en juego no es la destrucción de un contenido, es la reformulación de un continente para que se permita reconocer las cualidades de ese contenido y ajustar las fórmulas para vivir y convivir más en armonía a eso que somos y que quiere emerger de otra manera


Los cambios vividos por la mujer


Si hablamos desde el adentro y nos preguntamos por qué quiere ahora despertar la mujer, símbolo y sujeto que refleja el cambio interno: lo femenino, lo expansivo, lo no descubierto, lo desconocido, las preguntas no terminan.

¡Qué difícil es vivir una experiencia y descubrir que la tuya es una más de entre muchas!

¿Cómo detectar que estás siendo atravesada por una crisis general en las conductas sociales, cuando eres absorbida por tus propias vivencias de esa crisis que para ti tiene una forma, unas circunstancias, un valor, unas cualidades concretas, un determinado dolor?

¿Cómo entender que te atraviesan unos fenómenos que proceden de una determinación que escapa a tu voluntad y a tu control, que no sabes de dónde viene ni quién dio la orden para que se produzcan los hechos que vives?

¿Cómo ser capaz de discernir lo que te pasa y por qué, en medio de los acontecimientos cotidianos y de la rutina de cada día, en medio de los objetivos que te marcaste, en medio del amor, la inocencia y la honestidad con que te entregaste un día a un proyecto con otro?

¿Cómo descubrir que la violencia, el sufrimiento y el dolor que generan el despertar de esa conciencia de lo que tú eres, que hay en ti, aunque hasta ahora estuviera dormido, es consecuencia de la voluntad de hacerse presente, a pesar de ti misma y de que eso te cueste la vida?

¿Cómo descubrir que en la violencia, en el sufrimiento y en el dolor que produce la resistencia a que se vea eso que tú eres, o que portas, el agresor (sujeto concreto o abstracto) está colaborando con que la agredida también despierte, a pesar de sí mismo?

¿Cómo aceptar que ni el agresor ni la agredida son enemigos sino que parecen dos marionetas, cuyos hilos son movidos por unas manos, cuya invisibilidad es tal que no proyectan ni su sombra?

¿Cómo poder aceptar que cada paso que ha dado la humanidad, hacia una mayor conciencia, le haya costado tan alto precio?

Un mundo se resquebraja


¿Cómo mantener la voluntad de seguir viviendo, sin renunciar a protagonizar la vida con dignidad, reconociendo el gran valor de estar aquí en este momento, en unas circunstancias en las que tienes tantas dificultades para ser fiel a ti misma, y a esa voz interna que te habla cada día más fuerte, sobre lo que representas y la dignidad que tienes? ¿Cómo desentrañar el verdadero sentido de tu existencia, el verdadero papel que te toca jugar y que quieres vivir desde tu propia naturaleza, en estos momentos de grandes promesas de igualdad, que aún no se han materializado realmente, porque es una igualdad que no tiene en cuenta tus cualidades y tu propia naturaleza?


El mundo conocido se resquebraja, se resquebraja para las mujeres y para los hombres, es verdad, pero ellas están sometidas a los empujes de la toma de conciencia de su protagonismo en este momento: parirse a sí mismas, su gran desconocida y la gran desconocida de los otros. La búsqueda tradicional y filosófica del ¿quién soy? es todavía hoy para una mujer una aventura llena de frustraciones, confusión, disyuntivas, complejos de culpabilidad o quiebra de la autoestima. Esa es una de las caras de la moneda.


El hombre, ¿un espectador?


La otra cara es la del hombre que no está en la misma búsqueda de identidad, aunque muchos pueden ver claro los derechos de las mujeres, sus valores, su capacidad para la participación en condiciones de igualdad. Ellos, los otros seres humanos, están de espectadores de un despertar que les renueva pero que les pone patas arriba la casa ya conquistada.

¿Cómo se siente el hombre, símbolo del afuera, protector de la estructura, defensor de las fronteras, guardián de las formas, de la realidad, del molde?

¿Cuál es el dolor de lo masculino, colonizado, urbanizado, moldeado?

¿Cómo se sienten los que no entienden nada?.


Aquellos para los que el impulso renovador de la mujer le remueve el mundo masculino sin remedio, aquellos que no buscan el cambio porque su mundo es un mundo seguro, previsible, concreto, sabiendo en todo momento qué va a hacer y en qué condiciones.


Un instante en los ciclos de la vida


Para la mujer, al fin y al cabo, los cambios sociales en el último siglo, posibilitándole una toma de conciencia, un reconocimiento, una participación, la hacen estar de actualidad. Es su época, pertenece a un paso de conciencia, no tenía nada ni se le reconocía... y ahora puede ser, se ve empujada al despertar.


El hombre, sin embargo, está aún noqueado, cuando no, dormido profundamente, porque los síntomas sociales hablan de un nuevo parto humano que no viene a través de él. Ahora bien, es preciso que veamos este momento como un instante de los procesos y de los ciclos de la vida. Sólo es un paso para descubrir una parcela más de lo real que se quiere manifestar en este momento a través de lo femenino: símbolo de lo oculto, manifestación de una cualidad humana, metáfora del alma, de lo íntimo, de lo innombrable, de lo de dentro, de lo no desplegado. Del hombre, manifestación primera de lo masculino, realidad externa, cualidad de lo materializado, preeminencia de la forma, capacidad protectora de lo de fuera, se espera protección para el parto, creación de nuevas formas, construcción de la nueva casa. Aquella en la que se convivirá de otra manera: ni hombres frente a mujeres, ni mujeres por encima del hombre, sólo humanidad renovada


Riesgo y ternura


Cuando hay que romper un molde para conocer el contenido oculto, sin que éste se desvirtúe, hay que tratar con delicadeza el objeto que manipulamos. Por otro lado, hay que cuidar mucho cada uno de los momentos de esta experiencia. En este parto no es una cuestión de niño o niña lo que está en juego, es una toma de conciencia mayor de la humanidad sobre sí misma. La cuestión está en enfrentar el cambio de conciencia con espíritu integrador. Este salto no es lineal, es un salto cuántico.


Por una parte, porque la mujer está absorbida por lo nuevo, pero no tiene resuelta, ni mucho menos, su identidad. Al incorporar otras posibilidades no lo hace desde ella misma, sino desde los estímulos que vienen desde fuera. Por otra parte, el hombre tiene que integrar los cambios que se producen en la perspectiva de la mujer, tratándolos desde él, y no dejando a su compañera sola en la búsqueda y en la interpretación de lo que sucede.


Para poder calibrar el alcance de los cambios que se están produciendo, se necesita la cooperación de ambos. Hay que considerar que la acción conjunta es la única que puede permitir integrar la nueva visión de la realidad, sin dejar que se pierda la dignidad de cada uno de los componentes de la pareja, ni que se destruya la convivencia porque el reto fue demasiado complicado y complejo.


Dos fuerzas antagónicas


Dos fuerzas antagónicas se enfrentan en este proceso. Por un lado, las formas de violencia con que lo viejo se resiste a desaparecer; por el otro lado, la fuerza de voluntad y la determinación del nuevo modelo de interacción social que se manifiesta con un impulso imparable de ser, y que parece decir: si se colabora bien y si no se colabora también, la emergencia de esa nueva conciencia de lo que somos se va a producir, aunque nos resistamos a ello.


Asumamos todos, hombres y mujeres, la tarea que tenemos por delante y no huyamos cobardemente de la experiencia. Nos ha tocado dar un salto de conciencia y sólo la gozaremos si lo hacemos unidos: el viejo modelo binario hace casi un siglo que dejó de tener respuestas válidas para todo.


Las cosas no son blancas o negras. Los colores son siete y cada uno, a su vez, está compuesto de múltiples matices y todos tienen su origen en una única luz, la que proyecta, como metáfora universal el Sol que nos alumbra. El mismo que en cada amanecer nos llama a que despertemos de nuestros sueños y de nuestras rígidas creencias y nos abramos a nuevas aventuras, en este caso a la gran aventura del despertar consciente.

FUENTE:
Tendencias 21

UNA NUEVA TECNOLOGIA PERMITE CONOCER LOS PENSAMIENTOS HUMANOS...



Identificados los patrones cerebrales que se activan al pensar en objetos familiares

Científicos de la Carnegie Mellon University de Estados Unidos han identificado, combinando el así llamado “aprendizaje automático” con imágenes de resonancia magnética, los patrones de actividad cerebral que se generan cuando se piensa en objetos familiares. Asimismo, han demostrado que estos patrones se repiten ante los mismos objetos en distintos individuos, lo que supone que existe una manera común de pensar en dichos objetos. Por tanto, se puede saber en que objeto está pensando un individuo a partir del conocimiento de los patrones de actividad neuronal de otro al pensar en ese mismo objeto. Para ello, los investigadores han desarrollado un algoritmo informático capaz de traducir los pensamientos con una elevada exactitud. El descubrimiento permitirá comparar los patrones de actividad neuronal en personas con enfermedades neurológicas, como el autismo. Por Yaiza Martínez.


A principios de 2007, el Instituto Max Planck de Alemania hacía público el desarrollo de una potente tecnología que permitía observar el cerebro humano y sus patrones de actividad neuronal para conocer las intenciones de las personas antes incluso de que éstas actuaran. Realizada por John-Dylan Haynes, del Max Planck Institute for Human Cognitive and Brain Sciences, en Alemania, Katsuyuki Sakai, de la universidad de Tokio, y Geraint Rees, del Institute of Cognitive Neuroscience de la University College London, entre otros eminentes neurólogos, esta investigación demostró, tal y como informamos en Tendencias21, que es posible decodificar, a partir de la actividad de las regiones media y lateral de la corteza prefrontal, qué tareas elegían los participantes para realizar en el experimento, gracias al reconocimiento de los patrones de actividad neuronal en dichas regiones cerebrales. Ahora, un equipo de científicos de la computación y de neurocientíficos de la Carnegie Mellon University, de Estados Unidos, combinando el aprendizaje automático (rama de la Inteligencia Artificial que desarrolla técnicas que permitan a los ordenadores aprender) con las técnicas de registro de imágenes del cerebro, han desarrollado un método de identificación de los pensamientos y percepciones humanas de objetos familiares (en concreto, de herramientas y construcciones).


Leer los pensamientos


Según publica la Carnegie Mellon University en un comunicado, se ha podido saber en qué objetos están pensando las personas, con un 78% de exactitud, identificando los patrones de actividad cerebral asociados a estos objetos, con la aplicación de un algoritmo especialmente desarrollado para esta investigación. Es decir, que el sistema permitió conocer si una persona pensaba en un martillo o en un alicate o si reflexionaba acerca de un castillo o un iglú. El neurocientífico Marcel Just y el profesor de ciencias de la computación Tom M. Mitchell, de dicha universidad, han pasado dos años desarrollando un método que fue probado con una docena de participantes cuya actividad cerebral se midió por medio de un escáner de resonancia magnética (método no invasivo que utiliza la resonancia magnética nuclear para generar imágenes del interior del cerebro).


A estos participantes se les mostraron dibujos de 10 objetos diferentes, uno cada vez, y se les pidió que pensaran en sus propiedades. De esta forma, Just y Mitchell pudieron determinar con exactitud cuál de estos dibujos veían las personas sometidas al experimento a partir de los patrones de actividad neuronal de todo el cerebro. Pero los científicos fueron aún más allá, porque excluyeron en la prueba la información de la corteza visual del cerebro, y se centraron en saber si podían averiguar, no lo que los participantes veían, sino lo que estaban pensando. Descubrieron así que la evocación de un objeto concreto producía una activación del cerebro, en diversas áreas de éste. Por ejemplo, pensar en un martillo activaba muchas regiones cerebrales: si se pensaba en utilizarlo, se activaba el área motora del cerebro; si se pensaba en su forma se activaban otras áreas distintas.


Algoritmo informático y patrones comunes


Según Just y Mitchell, éste sería el primer estudio que registra la capacidad de identificar los procesos pensantes relacionados con un objeto concreto. Mientras que estudios anteriores habían demostrado que era posible distinguir entre objetos de distintas categorías (como herramientas o edificios), esta nueva investigación demuestra que se puede diferenciar el pensamiento sobre objetos muy similares, como dos herramientas distintas. Los patrones de actividad del cerebro de los participantes fueron definidos gracias a un algoritmo informático en el que, inicialmente, en una parte del estudio, se incluyeron datos acerca de dichos patrones, para después probar su eficiencia en el reconocimiento de patrones de actividad neuronal en una segunda parte del estudio. El algoritmo fue capaz de identificar los pensamientos de un participante en función de los patrones elaborados a partir de los datos extraídos de los cerebros de otros participantes.


Según Mitchell, así se ha podido comprobar, por vez primera, que existe una forma común de “pensar” acerca de objetos familiares, en personas distintas. Siempre ha existido un enigma filosófico acerca de si la percepción –por ejemplo, del color azul- es igual en un individuo que otro. Esta investigación ha revelado que sí: los diversos cerebros reproducían los mismos patrones de actividad neuronal frente a las imágenes.


Posibles aplicaciones


Los científicos se plantean ahora las posibles aplicaciones de este descubrimiento. Se podría, por ejemplo, llegar a comparar los patrones de actividad neuronal en personas con enfermedades neurológicas, como el autismo. De esta forma, el sistema permitiría conocer las diferencias entre la manera que tienen los individuos sanos y los autistas de percibir a los otros, para desarrollar una teoría acerca de esta enfermedad que esté basada en el funcionamiento del cerebro. Por otro lado, los investigadores quieren avanzar en la identificación de patrones de actividad neuronal no sólo relacionados con dibujos, sino también con ideas abstractas (como honestidad o democracia), con palabras y, con el paso del tiempo, incluso con frases. Los resultados de la investigación han aparecido publicados en la revista especializada Plos One.

HOMBRE MÁQUINA, MÁQUINA HUMANA....



El cerebro: una máquina maravillosa capaz de gestionar todas las actividades voluntarias e involuntarias del organismo, un sistema que permite descifrar los estímulos que provienen del exterior e interactuar con ellos, una pieza orgánica perfecta, responsable de la preponderancia del Hombre sobre la Tierra.
Es natural que los mismos hombres, que pugnan por llegar cada día más allá en su lucha por dominar la naturaleza y la materia, intenten duplicar esta máquina magistral. Hacerlo significaría haber alcanzado el cenit de la creatividad natural y alcanzar también el conocimiento máximo de su poder, de sus limitaciones y quizá de su futuro.Para una máquina, en cambio, ser capaz de entenderse a sí misma, conocer cómo funciona, sería un paso muy importante hacia su autoidentificación, hacia el dominio de sus capacidades, y quién sabe si el inicio del camino hacia su independencia respecto a sus creadores.
Son mundos aparentemente rivales: el hombre intentado imitar artificialmente al mejor ordenador (el cerebro orgánico), y la máquina que llega a convertirse en pensante, con todas las contradicciones que ello conlleva. El responsable de ambas tendencias es, por supuesto, el mismo: el propio Hombre.

Las universidades se han encontrado con numerosas dificultades al intentar humanizar las máquinas. La lógica no siempre es el método elegido por nuestro cerebro para tomar decisiones. Hasta que llegue ese glorioso momento, los tecnólogos han preferido seguir una vía más fácil: la construcción de los primeros sistemas mecánicos que otorguen a los robots características humanas. Estamos hablando de la visión artificial, los miembros táctiles...
En el otro extremo del espectro, los científicos han continuado desarrollando ordenadores cada vez más potentes y rápidos. Estos, por su capacidad de gestionar y procesar cantidades muy grandes de información, son lo más cercano al cerebro humano que hemos conseguido fabricar. Las tendencias industriales indican que la computación viaja hacia la miniaturización extrema, hacia la superación continua de marcas de velocidad. Pero, incluso aquí, los técnicos han encontrado factores limitativos. Los componentes de un ordenador no pueden hacerse más y más pequeños de forma infinita ya que llegado a un punto, complicados efectos cuánticos perjudican su funcionamiento.
Es lo que llamamos barrera del silicio.
¿La solución? Probablemente utilizar otra materia prima, pero, ¿cuál?Lo que empezó a verse como una fantasía es ya una probabilidad palpable: los ordenadores biológicos incorporarían material orgánico y sería éste el que nos permitiría entrar en la siguiente fase de desarrollo. Algunos científicos creen, por ejemplo, que sería posible implantar células nerviosas, neuronas, en las entrañas de un ordenador, para que éste pueda beneficiarse de sus cualidades innatas de almacenamiento de datos, rapidez de proceso, etc. Y aún hay gente que va más lejos, proponiendo el cultivo por manipulación genética de cerebros biológicos completos que así serían "programados" para realizar funciones específicas, ya sea a bordo de una nave espacial o en el mismo interior de nuestro frigorífico del futuro.
¿Es posible que la ciencia informática, tras varias décadas de continuos avances, deba al final recurrir a lo que la naturaleza ha puesto a disposición de los seres vivos hace millones de años? Hay varios investigadores que creen que no será necesario. Su objetivo es el estudio del cerebro desde todos los puntos de vista, hasta que sea posible duplicarlo electrónicamente. Y para quien no crea que ello sea posible, varios científicos americanos encabezados por Mark Magleby se han empeñado en replicar la unidad más sencilla de la que se compone el cerebro, la neurona. Magleby cree que una vez confirmado su buen funcionamiento (lo que es mucho decir, ya que aunque las neuronas son "sencillas", aún falta ver cómo se las arreglan para actuar de forma conjunta, cómo trabaja realmente el cerebro humano) estaremos a un paso de poder crear un supersistema formado por muchos de estos elementos electrónicos individuales.
Aunque los caminos emprendidos sean radicalmente distintos y la meta muy parecida, lo cierto es que ambas tendencias pueden aportarnos aplicaciones extremadamente útiles. Por ejemplo, los médicos, reconociendo su relativa ignorancia en cuanto al funcionamiento exacto del cerebro humano, podrían aceptar como mal menor la instalación de implantes cibernéticos (bien conocidos por la industria electrónica) apropiados para suplir carencias físicas.A pesar de lo poco que sabemos sobre ella, sí tenemos constancia de que ciertas áreas de la corteza cerebral están más especializadas que otras.
De este modo, creemos haber localizado zonas responsables del habla, de la función motora, la coordinación física, la memoria, etc., de tal manera que si una de ellas es dañada, su responsabilidad directa queda también afectada. Una vez identificadas estas zonas en un paciente enfermo, no sería descabellado intentar suplir sus carencias implantándole sistemas electrónicos que se encarguen de las tareas que el cerebro debería hacer de forma natural.Además, ¿a quién no le gustaría dejar a un ordenador electrónico la memorización de la lección de matemáticas, para poder acceder después a ella casi inconscientemente, como si formara parte integrante del propio cerebro?
Las posibilidades son fabulosas.
El verdadero superhombre lo será por su capacidad mental, no por su poder físico, así que la aparición de seres humanos cuya inteligencia y memoria serán cibernéticamente aumentadas podría llegar a implantar un nuevo sistema de clases.También las máquinas equipadas con material orgánico (bioordenadores) y por ello millones de veces más potentes que los ordenadores actuales, tienen un brillante futuro por delante. Los sistemas mecánicos son en esencia desechables y pueden ser empleados en ambientes peligrosos para el ser humano. Si además están dotados de inteligencia artificial avanzada y mecanismos de manipulación, percepción, etc., pueden suplirnos en muchas tareas que de otro modo no harían sino desgastar nuestro cuerpo y envejecerlo.

¿Quién nacerá antes, los hombres-máquina o las máquinas-hombre?
Las aplicaciones cibernéticas y las aplicaciones biológicas, aunque aparentemente enfrentadas, convergerán más tarde o más temprano y quizá debamos mirar a los antepasados de un individuo para llegar a discernir si tiene más de artefacto que de ser vivo, o viceversa.El cerebro es un auténtico misterio incluso para la ciencia moderna. Si bien conocemos algunas cosas sobre él, sobre los procesos químicos y eléctricos que se desencadenan en su maravillosa complejidad, bien poco o nada sabemos sobre dónde encontrar los argumentos necesarios para justificar cuestiones tan etéreas como el "pensamiento", la "personalidad", los "sentimientos", el ¿"alma"?...
Construir una neurona electrónica quizá nos ayude a comprender con qué nos enfrentamos y quizá también descubramos el verdadero potencial del cerebro humano, probablemente no explotado en su totalidad. Ahora bien, cuando esta neurona electrónica haya avanzado lo suficiente en su diseño y obtengamos un primer cerebro electrónico total, equiparable a sus homólogos orgánicos, ¿qué ocurrirá? ¿Necesitaremos programas para hacerlo funcionar o será capaz de aprender por sí solo, como lo hace un niño estimulado por todo lo que le rodea? ¿Aparecerán espontáneamente sentimientos "cibernéticos", propios de la naturaleza del nuevo ente?Hablar de inteligencia no algorítmica, es decir, sin programas ni software preescrito que imiten a la nuestra, es un tema muy delicado para los científicos. Cuando un sistema inanimado es dotado de inteligencia autónoma, estamos ya muy cerca de lo que llamamos vida artificial. La reproducción, uno de los condicionantes que los biólogos consideran necesarios para calificar como "vivo" a un objeto no estaría desde luego muy lejos de las posibilidades de una máquina pensante. Ya existen aquellas que no saben ni cómo se llaman y que sin embargo son capaces de hacer copias de sí mismas.
Todo lo anterior, claro está, nos proporciona una serie de interrogantes de todo tipo, y no sólo técnicos, sino también éticos, religiosos, sociales... Un hombre potenciado de forma cibernética deja de ser igual a los otros. Podrá hacer cosas que los demás no pueden hacer. Hasta tal punto que sus virtudes podrán llegar a transportarlos a una posición de predominio por encima de sus congéneres.
Si el concepto de superhombre puede ser arriesgado, ¿qué puede decirse de las supermáquinas?
El ser humano es peligroso por naturaleza, pero al menos se trata de una naturaleza bien comprendida por todos nosotros. Otorgar inteligencia a un medio tan radicalmente distinto como una máquina, de la cual no puede esperarse, como mínimo, el mismo comportamiento que una persona, será toda una experiencia. Que sea positiva o negativa, aún no lo podemos aventurar.
Hay quien dice que la carne ya no será necesaria para nada. Cuando ésta supere su vigencia física, algo así como su fecha de caducidad, bastará con reemplazarla con elementos mecánicos. Prácticamente todas las funciones que realizan los órganos del cuerpo humano podrán ser duplicadas en su totalidad (y mejoradas), de manera que lo único realmente valioso para una persona (su mente, su memoria, su personalidad, su cerebro), es también lo único que debería preservarse.
A despecho de convertirnos en robots con cerebro orgánico, quedaría así abierta la puerta que nos llevaría a la inmortalidad. La procreación artificial siempre sería posible a partir de material genético natural o sintetizado, pero es posible que ésta ya no fuera necesaria ante la perspectiva de la desaparición de la muerte física. Antes, sin embargo, los científicos deberán hallar la forma de paralizar la degradación cerebral, que afecta a la mayor parte de la gente en su vejez y que, de otro modo, invalidaría esta hipótesis.Si nos mostramos incapaces de lograrlo, quizá deberemos esperar un poco más y no subestimarnos. Si la esencia está en el contenido y no en el envoltorio, ¿por qué no transferir la información contenida en el cerebro y colocarla en un receptáculo indestructible?
El ciclo se habrá cerrado así: el hombre orgánico habrá abandonado su cuerpo para refugiarse en otro que le dé la inmortalidad. Pero, cuidado, no olvidemos que la razón humana, su inteligencia, sus pensamientos... se gestaron de manera espontánea en los cerebros naturales.
Eliminado también este crisol, ¿qué podemos esperar de la futura Humanidad?
Los impulsores de este modelo están convencidos de que no deberán preocuparse por la progresión de la facción rival, las máquinas que piensan. Sin embargo, los que alimentan la mejora exponencial del poder de los ordenadores, no están tan seguros. La capacidad de cálculo de los computadores, por poner un ejemplo de algo que hacen muy bien y muy deprisa, ha aumentado de forma brutal desde el mismo momento de su invención. Cada generación de ordenadores "retira" a las anteriores con una facilidad pasmosa, convirtiendo en pocos meses en obsoleto aquello que a primera vista parecía el último grito en informática.
Durante la última década la rapidez de cálculo de los chips de los ordenadores se ha duplicado cada pocos meses, entrando en una espiral fantástica que aparenta no tener fin.
Pero, ¿lo tiene realmente?
Según los expertos, hacia el año 2090 los chips artificiales podrían superar ya las capacidades de las neuronas del cerebro humano, no sólo en funcionalidad, algo que como hemos dicho con anterioridad ya está en proceso de simularse, sino en poder de procesamiento y comunicación. A partir de ese momento, y siempre según la teoría de la mejora exponencial, nos veremos obligados a dejar a las propias máquinas la definición del camino a seguir para mantener este ritmo, ya que nuestro cerebro se verá incapaz de conseguirlo.
La pregunta fundamental es si este crecimiento imparable de la habilidad de los elementos electrónicos puede dar lugar algún día a que el Hombre se vea de forma ya definitiva en condiciones de inferioridad intelectual frente a las máquinas. Si llega el instante en que perdemos el control y dejamos de comprender cómo y el porqué se producen las mejoras de que se invisten, ¿qué ocurrirá con nosotros?
(Reproducido con permiso © Víctor Arenas)